Gonzalo Guzmán (Madrid, 1991), formado en diseño industrial en Elisava y ECAL, dio el salto a la escultura con 'AFTER', una serie concebida durante el confinamiento a partir de las formas —dólmenes y menhires— que aparecían en sus sueños. Su trabajo explora la memoria, la percepción y la tensión entre la solidez de materiales como el acero inoxidable y la fragilidad de lo real. Hasta el 21 de noviembre, sus esculturas pueden verse en Espacio Movimiento 37, de Fundación SOLO, en diálogo con obras de Sandra Vázquez de la Horra y Zush, en una muestra organizada junto a Galería Senda.
Al adentrarnos en la biografía de Gonzalo Guzmán descubrimos que las bellas palabras que Shakespeare pronunciara en La tempestad —"estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños"— han adquirido en la cabeza y las manos de este joven escultor la consistencia del acero. Una materia —y su presencia— sin duda muy alejada de la fugacidad que reclamaba el poeta isabelino para nuestras obras y vidas.
Tu vocación escultórica se forja en un sueño.
En un sueño lúcido, como lo denominó el sinólogo francés Léon d'Hervey de Saint-Denys. Estos sueños se sucedieron una y otra vez durante la pandemia —yo los atribuyo al encierro físico y espiritual que vivíamos— y cuando pude abandonar mi madriguera, mi determinación era completa: sería escultor.
¿Por qué menhires y dólmenes? ¿Por qué acero?
Aparecían en mis sueños —estaban allí— y me sentí obligado a traerlos a este plano de la realidad. Necesitaba construir estas esculturas y aún hoy siento que estoy haciendo lo que debo hacer. Enrolé a mi primo Diego en la parte técnica del proyecto y seguí adelante.
Necesitaba construir estas esculturas y aún hoy siento que estoy haciendo lo que debo hacer
¿Fue esa determinación la que te llevó a contactar con Carlos Durán, el más importante galerista de Barcelona?
Así es, aunque, como imaginas, aquella primera llamada resultó infructuosa.
Pero tus dólmenes de acero ya estaban en pie.
Allí estaban, esperando una oportunidad.
Y cuando esta llega, el entusiasmo del equipo Senda es total.
Nos entendimos desde el primer día. Han sido extremadamente generosos conmigo y han permitido que dé rienda suelta a mi creatividad.
Dice Carlos Durán que las piezas de Gonzalo, surgidas inicialmente de la experiencia de un sueño lúcido, parecen conservar el instante en que esa imagen mental comienza a adquirir consistencia. ¿De qué nos hablan tus esculturas?
Nos hablan del tiempo. Son estructuras de memoria y en su superficie conviven a la vez el pasado y el presente.

¿Y por qué acero inoxidable?
El acero inoxidable les concede peso y presencia, y su superficie reflectante las mantiene abiertas a las variaciones del entorno y a la aparición del espectador. Es él quien las transforma con su mirada.
Siguiendo la estela de Shakespeare, podemos sentir también que tus esculturas nos hablan de ese equilibrio precario entre los deseos y la realidad, entre lo que imaginamos y lo que finalmente logramos.
Sin duda, y también me gusta jugar con conceptos como gravedad y equilibrio, combinar estructuras delicadas —en lo formal— con materiales pesados, como el acero, creando un diálogo entre la fragilidad y la fuerza.
¿De qué fuentes vive tu inspiración?
En lo artístico, siempre busco inspiración en la obra de James Turrell; me fascina el tratamiento que hace de la luz. En lo musical, soy un joven de mi tiempo, ecléptico como todos. Pero he de reconocer que adoro la ópera. Mi padre quiso ser cantante lírico y una lesión en las cuerdas vocales se lo impidió.
Cuando mi obra se exhibió en el Liceo de Barcelona, quise que coincidiera con la programación de L'elisir d'amore, de Donizetti, la ópera con la que mi padre tuvo que retirarse. La literatura, sin embargo, está marcada por necesidades de producción. Ahora leo a Camus, Sísifo. Busco inspiración para trabajar la piedra.
Soy de la opinión de que no pasa nada por no tener un objetivo claro
¿Hacia dónde se encamina tu futuro?
En lo material, pasaré los próximos meses haciendo "una residencia" en el prestigioso Pérez Art Museum de Miami. En lo artístico, aunque resuene manido, he de decir que afronto el futuro sin expectativas, como un proceso orgánico. Soy de la opinión de que no pasa nada por no tener un objetivo claro.