Hoy entendemos la Gran Vía como patrimonio e identidad madrileña, pero su origen respondió a una lógica muy distinta: derribar lo existente para abrir paso al progreso. Fernando Caballero, arquitecto y urbanista, recorre la historia de la avenida para mostrar cómo Madrid aprendió a reconocer como patrimonio aquello que durante décadas consideró prescindible.