Corría 1989, The Refrescos cantaban las virtudes de Madrid y se lamentaban de que, a pesar de todo, la capital española no tenía playa. Lo que no sabían es que a, como mucho, una hora, hay playas preciosas. Se encuentran en la misma comunidad y “no tienen nada que envidiar a las de la costa”, asegura el presidente del Real Club Náutico de Madrid, Cristóbal Carrasco.
La región tiene cinco embalses autorizados para acoger actividades náuticas: San Juan, El Atazar, Valmayor, Pedrezuela y Picadas. El pantano de San Juan cuenta incluso con una playa con bandera azul, La Virgen de la Nueva, que pertenece al municipio de San Martín de Valdeiglesias. Es una distinción que reconoce la calidad del agua, la seguridad, los servicios y la conservación medioambiental de las playas.
Los embalses son sitios ideales para hacer vela, remo o piragüismo, además de coger kayaks o patines. Aunque parezca mentira, la región madrileña cuenta con quince clubes de vela, dieciocho de piragüismo, 41 de actividades subacuáticas y cuatro de motonáutica y de esquí acuático, respectivamente. En total, 82 entidades. El presidente de la Federación Madrileña de Vela, Guillermo Poyán, ha subrayado que “todas las modalidades de vela se pueden practicar en Madrid”. Aunque la navegación a motor ya es otra cosa, aclara.
Los madrileños no lo saben
Los madrileños no saben que tienen acceso a espacios privilegiados, llenos de naturaleza y opciones de ocio. Los embalses tienen la extensión suficiente como para permitir la navegación durante todo el día, aunque difiere de la práctica a mar abierto.
En las aguas interiores madrileñas los roles de los vientos son más acusados, y el tamaño de los barcos no puede superar los siete, cinco u ocho metros. Están a mucha altura y, aunque el frío se nota en invierno, también tiene sus aspectos positivos. “Yo he navegado con todo nevado. Es chulísimo, impresiona”, recuerda el vicepresidente del Club Náutico Cervera, Jacobo Landeira.

Mientras que Carrasco ve en la actividad deportiva y las regatas la “razón de ser” del Real, Landeira destaca el componente social del Cervera. Los clubes madrileños tienen “los mismos servicios” que las instalaciones náuticas de Valencia, Santander o Sanxenxo, dice Poyán, aunque en la costa sean mucho más grandes. A pesar de su calidad, el Real Club Náutico de Madrid cuenta con unos 230 socios, y, el Cervera, con unos 90. Cantidades lejanas a los miles de adscritos en los clubes náuticos marinos.
Un público diverso
Los tres coinciden en propagar su oferta a los cuatro vientos, con la esperanza de que los vecinos de la capital sean conscientes de la suerte que tienen. También, insisten en que no existe un perfil homogéneo entre los que practican Vela en Madrid. “La práctica de vela de placer no es cara”, defiende Poyán.

Atraer a más público es un reto de presente, pero también de futuro, si quieren garantizar la continuidad de los clubes. Con esta voluntad, la federación ha impulsado cursos de vela para unos 1.500 niños, que de abril hasta mediados de junio aprenden a navegar en San Juan.
The Refrescos cantaban y en el Real Club Náutico de Madrid y en el Club Náutico Cervera unos pocos madrileños (socios o no) cogían el coche el domingo por la mañana, conducían menos de una hora, y disfrutaban del sol, el agua, un buen vermut. Siguen haciéndolo hoy. Y sí, también disfrutan de la playa.