
Hace un par de fines de semana, el Retiro fue un río de gente, con varios cientos de miles de madrileños y turistas paseando entre las casetas de la Feria del Libro. En el Metropolitano, cerca de 180.000 personas lamentaron no “tirar más fotos” con Bad Bunny, mientras que, en las Noches del Botánico, otras muchas berrearon “¡mamá, mamá, mamá!” junto a Rigoberta Bandini. Teatros, cines y museos fueron un refugio contra el calor. Las Ventas estuvo hasta la bandera. Valdebebas acogió las primeras elecciones a la presidencia del Real Madrid en veinte años…
Y, todo ello, mientras varios millones de creyentes, con pensión completa, media pensión y en ayunas, llenamos las calles para ver y oír a León XIV. La ocasión lo merecía: era la primera visita de un Pontífice a España en quince años. Hubo cortes de tráfico y limitaciones a la movilidad, claro, igual que ocurre en cualquier gran acontecimiento. Pero la organización funcionó como un reloj gracias al trabajo coordinado de la Iglesia diocesana —del arzobispo al último de los voluntarios— y las distintas administraciones. En medio del entusiasmo y la alegría contagiosa, el Papa perfiló algunas orientaciones para Madrid.
Una ciudad plural
El futuro del mundo se juega, en gran medida, en las ciudades. Y eso exige elevar el nivel del debate público. Todos, no solo los políticos, tenemos que bajar decibelios y abandonar la “descalificación permanente” de aquel al que vemos como adversario, en línea con lo que reclamó León XIV en su histórico discurso ante las Cortes Generales. Debemos “custodiar la palabra para desarmar el lenguaje” porque “la firmeza no exige desprecio” ni “la discrepancia no conlleva humillación”.
Es más, como también pidió el Papa ante las autoridades y el cuerpo diplomático en el Palacio Real, al poco de aterrizar en España, hemos de “abandonar las narrativas divisivas y polarizantes” para “pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”. Madrid es compleja, es plural y eso la hace también mucho más rica.
Una ciudad sin descartes
En las grandes urbes la convivencia se ve “amenazada por la cultura del descarte”, de la que tantas veces habló el Papa Francisco y a la que volvió a aludir León XIV en el Congreso. “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?”, planteó a diputados y senadores.
Hoy se trata de “alzar la mirada”, reparar en quienes viven en los márgenes de Madrid y “mirar a los que sufren a los ojos” (Visita a CEDIA 24 Horas de Cáritas Diocesana de Madrid). A las personas sin hogar, a los ancianos que están solos, a los enfermos, a los trabajadores precarios y los parados, a los migrantes en situación irregular o a las mujeres víctimas de trata. El cambio tiene que empezar en cada madrileño, sin duda, pero pasa de forma especial por quienes tienen “responsabilidades económicas, políticas e institucionales”.
Una ciudad de arte y cultura
Madrid también es una ciudad vibrante, en plena efervescencia artística y cultural. En su aplaudida intervención en el encuentro del Pontífice con la cultura, la economía y el deporte en el Movistar Arena, el actor Antonio Banderas incidió en que “el arte es pregunta, es reflexión, es contraste, es revolución, es tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos” y en que “debe ser una alternativa a la violencia, a todas las violencias”. “Nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés”, agregó.
El Papa asintió. Defendió que “en el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza, de verdad”, al tiempo que reconoció que la Iglesia no puede desentenderse de la cultura porque, “a través de ella, el hombre, en cuanto hombre, es más”. Y, dado que “cultura evoca cultivo”, invitó a “preguntarnos qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad”. Hoy más que nunca, Madrid puede ser un hervidero de creatividad, de ideas, de pensamiento, en el que cada ciudadano pueda crecer.
Una ciudad con esperanza joven
En tiempos de inestabilidad global y de incertidumbre, cuando el futuro pinta negro para los jóvenes, en la ciudad también puede haber esperanza. “Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo”, remarcó el actor de La máscara del Zorro citando a san Agustín.
En este sentido, en la vigilia de oración en la plaza de Lima, el Papa alentó a los jóvenes a ser los auténticos protagonistas de esos tiempos mejores. Los animó a ser “humanos como lo es Cristo”. A ser “personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día”, y que “hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas”. “¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor!”, concluyó.
Una ciudad con una Iglesia encarnada
Del mismo modo que quiso situar a los jóvenes en el centro de este momento histórico, marcado por los desafíos tecnológicos y las guerras, el sucesor de Pedro nos alentó a todos los católicos, sea cual sea nuestra edad, a dar un paso al frente. Convencido de que “la libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo” solo es auténtica si respeta y tutela “la dimensión religiosa del ser humano” (Encuentro con los miembros del Parlamento), en el Corpus nos conminó a alimentarnos de Cristo en la Eucaristía, “acoger una presencia que transforma” y cambiar así nuestra forma de estar en el mundo.
Sin “encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros” (Encuentro con la comunidad diocesana en el Bernabéu), los católicos debemos salir “del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada” para ser “constructores de un mundo nuevo”. De una ciudad nueva.
Madrid no para. No para nunca. Ojalá, en medio de la vorágine y del ruido, el viaje del Papa dé frutos. Ojalá el rugido de León XIV siga resonando en esta gran ciudad.