Los vinos DO Madrid reclaman su puesto en la mesa

Madrid es la única capital europea con Denominación de Origen a la que están adheridas 44 bodegas

(Redactor)
10 de agosto de 2026 - 15:36
Albillo Real en Cadalso de los Vidrios.
Albillo Real en Cadalso de los Vidrios.

Hubo una época en la que Madrid era todo viñedos. La vid incluso fue ganándole terreno al cereal. Siglos más tarde, a partir de la primera mitad del XV, el vino consumido en la ciudad tenía que haberse elaborado obligatoriamente en tierras de la región. A día de hoy, Madrid goza de un pasado vitivinícola y de una riqueza presente que hay quien intenta poner en valor.

“El vino es patrimonio de Madrid, pero no se conoce”, lamenta la comisaria de la exposición Madrid también se bebe, Mares del Barrio. Es la única capital europea que tiene una Denominación de Origen propia. Reúne a 5.898hectáreas de viñedo inscrito y 44 bodegas, en las que trabajan casi 3.000 agricultores. El presidente de la Academia de Gastronomia Madrileña, Rogelio Enríquez, critica que “el público no se cree que Madrid tenga producto bueno y de proximidad”.

Incluso hay vinos de la zona de Gredos que han conseguido hasta 100 puntos parker, destacando los del proyecto enólogo Comando G. Están elaborados con variedades de garnacha minerales, que Del Barrio sostiene que son “muy interesantes”. “Aún así, cuesta encontrarlos en los restaurantes de Madrid”, coincide Enríquez. “Tiene que haber sumilleres que los vendan, y que se los crean”.

Belmonte.
Belmonte. 

Vinos tintos y de alto contenido en alcohol

Los vinos madrileños son mayoritariamente tintos, aunque también los hay blancos, rosados, dulces, semidulces y espumosos. Tienen un contenido alto de alcohol por el calor del verano, lo que, junto a otras peculiaridades, los dota de sabores que trascienden a los de un Rioja o un Ribera. “Tienen mayor carga frutal, menos carga de madera y menos crianza. Son más inmediatos”, describe Enríquez. A pesar de tener un clima complicado, del Barrio insiste en que la región “es una zona privilegiada, con unas tierras muy propicias para el cultivo”. 

La DO está organizada en cuatro subzonas. Mientras que, al sureste, la subzona de Arganda concentra 37 bodegas, en el área central sur está Navalcarnero: con la menor extensión, tiene cinco industrias. La subzona de San Martín de Valdeiglesias, ubicada en el sector más occidental, reúne a 18 bodegas y El Molar, al norte, cuatro.

La oferta de vinos madrileña está impulsada por el liderazgo científico de la ciudad en enología y ciencia. Su condición de capital y la creación de organismos e instituciones durante el siglo XIX y XX,  convirtieron a Madrid en un centro de formación e investigación. Del Barrio vincula este ecosistema académico con la reivindicación del sello DO, finalmente conseguido en 1990. Actualmente estos vinos viven un segundo despegue después de épocas oscuras. “Empiezan a haber vinos buenos. Se están haciendo cosas tradicionales y con personalidad”, reivindica Enríquez. 

Garnacha tinta en Villa del Prado.
Garnacha tinta en Villa del Prado. 

Enoturismo: la región desconocida

Además de ser zona de cultivo, la región de Madrid ofrece un amplísimo y diverso horizonte de posibilidades. Del Barrio invita a recorrerlas: “Tiene tantos pueblos, tantas cosas bonitas: iglesias renacentistas, medievales, cavas árabes, antiguas bodegas en pueblos perdidos”. 

Arganda es un enclave natural perfecto para observar avifauna y cuenta con un patrimonio histórico y artístico digno de visitar. Desde el Museo Ulpiano Checha (ubicado en Colmenar de la Oreja), hasta el castillo de la Orden Militar de Santiago (Villarejo de Salvanés), pasando por la Iglesia Marroquial de Nuestra Señora de la Concepción (Morata de Tajuña). 

El municipio que da nombre a la subzona de Navalcarnero también merece un paseo tranquilo, igual que los cercanos Brunete y Aldea del Fresno. La subzona de San Martín de Valdeiglesias, además de las escondidas playas, también cuenta con exponentes arquitectónicos (Castillo de la Coracera) y religiosos (Iglesia Parroquial de San Martín de Tours). Los once municipios de El Molar, con su terreno de granito y pizarra, concentran un rico tejido comercial y numerosas opciones de senderismo.

 

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