Madrid lleva décadas mirando al Templo de Debod como quien contempla una postal. Un objeto hermoso, singular, casi exótico, incrustado en uno de los miradores más privilegiados de la ciudad. Pero detrás de esa imagen turística se esconde una realidad mucho menos amable: el monumento egipcio más importante fuera de Egipto se deteriora lentamente a la intemperie, sometido a unas condiciones climáticas para las que nunca fue concebido.
Ahora, por primera vez en mucho tiempo, una iniciativa nacida desde la sociedad civil intenta cambiar esa inercia.
Madrid Foro Empresarial ha convocado un concurso internacional de ideas para la conservación del Templo de Debod, con el objetivo de abrir una reflexión interdisciplinar sobre cómo proteger el monumento y garantizar su futuro. El certamen, de carácter privado y abierto a arquitectos, ingenieros y estudiantes, busca propuestas capaces de combinar protección patrimonial, integración urbana y viabilidad técnica.
La iniciativa tiene algo especialmente relevante en el contexto madrileño. Que sea el empresariado quien impulse un debate cultural y urbano de esta naturaleza no deja de ser significativo. En ciudades como Barcelona resulta habitual que parte de la sociedad civil organizada promueva concursos, debates urbanos o proyectos estratégicos ligados al patrimonio y al espacio público. Pero, como pasa habitualmente en las capitales, Madrid ha tenido históricamente un empresariado más vinculado al poder político que a la construcción de una visión urbana propia. Eso, sin embargo, empieza lentamente a cambiar. Este tipo de iniciativas demuestra el interés de quienes tienen voz e influencia para mejorar la ciudad.
El concurso parte de un diagnóstico evidente: el templo sufre. Las oscilaciones térmicas extremas, las heladas que afectan a la piedra, la contaminación, el vandalismo y la presión turística deterioran progresivamente la piedra nubia del edificio, trasladado a Madrid en 1968 tras la campaña internacional impulsada por la UNESCO para salvar los templos amenazados por la construcción de la presa de Asuán. Lo que en origen fue un gesto diplomático extraordinario de Egipto hacia España ha acabado convertido en una anomalía patrimonial difícil de sostener.
Las bases del concurso permiten plantear desde sistemas de protección arquitectónica hasta estrategias de control ambiental o reordenación del entorno inmediato. Se valorará especialmente que las intervenciones sean reversibles y poco invasivas. Más allá de los detalles técnicos, la cuestión de fondo es mucho más profunda: cómo convertir el patrimonio en una verdadera estrategia urbana y cultural.
Y es que precisamente se trata de eso, de poner en valor nuestros tesoros culturales. Utilizar lo que ya existe, pero de otra manera, para potenciarlo. Madrid posee activos culturales de escala global que muchas veces administra como si fueran simples elementos decorativos dispersos por la ciudad. El propio Debod es quizá el mejor ejemplo.
Ahí aparece otra oportunidad evidente. En Madrid se encuentra el mayor templo egipcio del mundo fuera de Egipto. Un edificio que lleva décadas deteriorándose y que debería cubrirse, como propuso recientemente el concejal socialista Antonio Giraldo.
Aunque el pliego del concurso solo plantea el cubrimiento, se trata de una competición abierta y de ideas. Así que desde The New Madrid Post aportamos una idea para quien quiera recogerla: ese cubrimiento podría aprovecharse además para crear un nuevo equipamiento cultural soterrado, aprovechando el desnivel natural de la colina sobre la que se asienta el templo: un gran Museo Egipcio.
La idea tendría lógica incluso desde el punto de vista museográfico. Parte de la colección egipcia del Museo Arqueológico Nacional permanece hoy dispersa y relativamente descontextualizada dentro de una institución centrada fundamentalmente en las civilizaciones de la Península Ibérica. No se trata de competir con los grandes museos europeos especializados, sino de construir un relato coherente alrededor de una pieza única. Porque existe una enorme diferencia entre tener una curiosidad arqueológica en un parque y construir un verdadero referente cultural internacional.
Además, una intervención de esta escala podría completar urbanísticamente el eje de Plaza de España, reforzando la conexión entre el centro histórico, Madrid Río y el frente oeste de la ciudad. El Debod dejaría así de ser una pieza aislada para convertirse en parte de una estrategia cultural mucho más ambiciosa.
La cuestión de fondo es que si Madrid coloca bien sus piezas —nunca mejor dicho— puede potenciar significativamente el inmenso patrimonio cultural que ya posee y jugar la partida de las ciudades globales desde una posición museística inigualable. Una posición que le permitiría ampliar los ingresos vinculados a la cultura y, con ello, reforzar las labores de investigación, restauración e innovación que tanto necesita un patrimonio histórico extraordinario y demasiadas veces infrautilizado.
El concurso convocado por Madrid Foro Empresarial es una muy buena noticia ya que representa el síntoma de que la sociedad civil madrileña empieza, por fin, a pensar estratégicamente su patrimonio cultural.