Madrid aspira a plantar 500.000 nuevos árboles hasta 2027. El patrimonio natural de la ciudad incluye arbustos, estructuras decorativas y zonas verdes. Antes de llegar a las calles, plazas y parques, muchos de los ejemplares pasan por uno de los tres viveros municipales: el de Estufas del Retiro, el de Casa de Campo o el de Migas Calientes.
La directora de la Unidad de Producción Vegetal del Ayuntamiento, Rosa Fernández, describe los viveros como “un sitio donde se miman las plantas”. “Las producimos desde su origen hasta su plantación en la ciudad, donde no van a recibir estos cuidados”, explica.
Los viveros municipales trabajan, por un lado, con especies originales y, por el otro, investigan con adaptaciones genéticas que persiguen un determinado fin: que las moreras no generen fruto que pueda manchar la calle, que las plantas hagan más flor, o que los árboles hagan más sombra, por ejemplo.
Y es que no todas las plantas pueden entrar a formar parte del patrimonio natural de Madrid. Los ejemplares deben cumplir con ciertos requisitos, como que no tengan espinas, que necesiten poca agua y que toleren la contaminación. Por encima de todo, deben poder aguantar un clima cada vez más cálido. “Sabemos que hará más calor. Igual que los franceses vienen a España para saber qué especies plantamos, nosotros nos vamos a África. Tenemos que ir diseñando una línea de árboles”, relata Fernández.
Una Brigada de Adornos con mucho trabajo
El vivero de Estufas del Retiro produce plantas más bien pequeñas: de flor, de interior o cultivadas en invernadero. También especies de la huerta que después distribuyen gratuitamente: tomates, lechugas o pimientos en verano y, en invierno, acelgas o coles.
Tras las fiestas navideñas, Estufas del Retiro se convierte en el mayor punto de recogida de árboles. Los que están en buen estado son replantados en zonas verdes de la ciudad, mientras que los que están deteriorados se convierten en compost en Casa de Campo o en Migas Calientes, especializados en arbustos y árboles más grandes, respectivamente.
Entre el personal de los viveros municipales, hay una Brigada de Adornos que se encarga de las plantas destinadas a decorar desde los actos del alcalde hasta las bodas en dependencias municipales. “Nos da un trabajo que no veas”, explica Fernández. La Brigada también gestiona las flores de la carroza de la Virgen de la Paloma y las de los despachos de los directores generales de la sede del Ayuntamiento.
Patrimonio natural, sí, pero también histórico
Los viveros municipales nacieron cuando Madrid empezó a teñirse de verde, hace más de 200 años. Fernández relata que “se crearon con la idea de proveer de árboles a la ciudad”. “Empezaron a hacer calles arboladas, sobre todo avenidas. Hubo un momento en que la gente necesitaba sitios para salir a pasear”. Antes había muchos viveros más, que ahora se han convertido, a menudo, en parques y zonas verdes. Los tres que perviven están dentro de zonas protegidas: el Retiro, Casa de Campo y las Terrazas del Manzanares.
Los amantes de la botánica y de la historia pueden acceder a los viveros para disfrutar de sus ejemplares y, a diferencia de los jardines habituales, también conocer el proceso productivo. Son recorridos de una hora y media que se hacen andando. El jefe de Educación Ambiental del Ayuntamiento, Luis Molina, asegura que no pueden dar respuesta a toda la demanda. “Duplica, e incluso dos veces y media, nuestras posibilidades de ofertar plazas”.
El vivero de Estufas del Retiro cuenta con un museo de jardinería tradicional y unos invernaderos históricos, que “se pueden encontrar en muy pocos lugares”. El de Casa de Campo muestra calefacciones históricas que en el pasado se utilizaban para mantener calientes las raíces de los árboles. “Está en los jardines de alrededor del palacete. Desde allí, ves el Teatro Real. Es una vista ejemplar”, asegura Fernández. En cambio, en Migas Calientes el recorrido de la visita no pasa por el vivero, sino que recorre el proceso de compostaje de los residuos vegetales.